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El
chasco dcl molinero
La cieca de Villanueva
sigue la orilla del río
regando el huerto del Cura,
hasta llegar al molino.
En el molino hay tres piedras
y es el molinero rico,
pues tiene tanta molienda
que no puede dar avío.
Perene, de día y noche,
dando en la muela salticos,
se siente la tarabilla
del molino...
Saltando la tarabilla,
hacer caer a chorrico
de la tolva a la solera
el trigo...
Y día y noche semeja
de un corazón los latíos,
saltando, la tarabilla
del molino...
A la falda de un cabezo,
en un barranco escondío,
blanco como una paloma,
está el molino...
A su espalda están los huertos
y están los sotos tupíos.
y con sus espejos claros
el río...
A una mano están los cerros
con sus mantos de tomillos..
a otra mano unas pedrizas
con almendros florecíos...
Enfrente, en ande se ensanchan
el barranco y el camino,
se ven verdear los llanos
de las cebás y los trigos.
Y agracia en la sementera
algún roalico
de collejones azules
y amarillos...
Un mozo pica una piedra
a la puerta del molino
y otro, en baleos al sol,
ya laväo, pone el trigo.
Descarga un hombre un costal
de un burríco
y, pal pueblo, dos mujeres
van con sus remijoncicos,
Una dice: -En ná se quea
el remijón que he traído,
entre dar poya en el horno
y maquila en el molino.
La otra dice: -Yo les hago
gachasmigas a mis hijos
porque me dure algo el pan,
pues se me va en un suspiro...
Hace un día muy hermoso
y por el azul purísimo
del cielo, cruzan bandás
de pajaricos...
El molino es del tió Paco
y no hay por
estos
contornos
un molinero más rico
ni más rumboso.
El tió Paco fué en sus tiempos
un buen mozo
y los cincuenta los lleva
como pocos:
Tiene rosäo el color,
azules claros los ojos
y va tieso como un huso
sobre su caballo tordo.
Cuando va a caballo, lleva
siempre de espolique a Antonio...
¡tiene que ser de pulmones,
pa seguir el trote, el mozo!
Es mujeriego el tió Paco
el Rojo
y es fama que cae aquella
a quien él le pone el ojo.
Se cuenta que en el molino,
ni corto ni perezoso,
de alguna col al revuelo,
cató el cogollo...
De su ämo,
mil historias sabe Antonio;
pero en tocante a callar
es el espolique un pozo.
Cuando a veces le preguntan,
se hace el tonto
o ladino se sonrie
al par que se encoge de hombros.
Así las cosas, el tió
Paco el Rojo
ha puesto en una mocica
los ojos.
Y la mocica al tió Paco
le ha däo un «no» tan reöndo,
que no sale el molinero
de su asombro.
A la mocica, que es pobre,
aun le ha däo más enojo
que piense hacer con regalos
el molinero su logro.
Y se los ha despreciäo
en sus ojos
y los ha pisoteäo
en un arranque furioso.
Disimula su despecho
el tió Paco, que es un zorro,
y la mocica le canta
cuando lo ve, llena de odio:
Ni que en oro me pesáras,
harás de mí tu capricho:
¡antes de cabeza a un golgo
me tiro!...
No se echaba novia Antonio
el mozo del molinero
y era, a veces, su petera
cantar esto:
La mujer, más que por hombre,
por las galas se desvive
y más que por el amor,
por el dinero se errite
Tenía Antonio en su ämo
mal ejemplo
y miraba a las mujeres
con recelo...
Pero en aquella mocica
que despreció al molinero,
tan entera en su recato,
vió el espolique su sueño...
Se le vió cambiar al mozo,
entonces, de medio a medio
y buscar a la muchacha
pa poderle cantar ésto:
«Eres una entre las mil,
de las estrellas lucero,
y entre las mil solo es una
la que yo quiero...»
Después a la casa de ella
fué una noche muy compuesto
y le pidió compromiso
formal y serio.
Y ella le dijo que «sí»,
sin arrodeos,
y él le regaló un anillo
y ella le bordé un pañuelo...
El tió Paco quiso ser
padrino del casamiento
y Antonio le consintió
ese gusto sonriéndo...
Pero después de la boda,
de sorpresa y dicho y hecho,
pa Cartagena los novios
salieron...
Era el tió Paco muy pillo
y mujeriego...
y los novios, desde Orán,
«que estaban bien» escribieron.
Vicente Medina
(Aires Murcianos)
NAÏCA
La zagala
estaba
tóa
encortaica,
sin arzar los
ojos,
la cara
encendía,
trenzando los flecos
de
su pañuelico
con las
manecicas.
Con los ojos puestos
en
la zagalica,
abonico el mozo
su querer
l'icía
con unas palabras...
¡
qué gúenas! ¡ qué durces!...
¡ ay,
qué palabricas....
Daba gusto
verlos,
¡qué
pareja
hacían!
él,
arriscaico,
sin parar d'icirla...
ella, con sus labios
siempre
cerraicos
sin icir
naïca...
II
Al pie de la
Virgen,
hincaos de
ruillas,
dempués vide
al mozo
y a la zagalica...
los vide junticos y
echarles
las cruces
pa töa la vida.
Si él, por lo
arrogante,
privaba la vista,
no sé por lo
que
ella
mejor me
paecía:
si por lo compuesta,
si
por lo modosa,
si por lo bonica...
Daba gusto
verlos,
¡qué
pareja
hacían!
él
arriscaico, sin
parar d'icirla...
ella, con sus labios
siempre
cerraicos
sin icir naica...
III
¡ Vide el
ataulico
con la zagalica!…
Al laico el
mozo
lloraba y
gemía,
iciéndole
lleno d´agustia
unas cosas
que el alma
partían.
Le toca temblando,
loco de penica,
las manos,la
cara
¡tan blancas!
¡tan
frias!…
llamandola a voces,
esesperaïco
"¡Nenica!…
¡Nenica!…"
Dolor daba verlos,
¡que pareja
hacían!…
él siempre
llorando,
sin parar
dírcirla…
ella, con sus labios
siempre
cerraïcos,
sin icir naïca!…
LOS PAJARICOS SUELTOS
No mandes los nenes a la escuela
porque no la han abierto
y está, si es que el
Señor no
hace un milagro,
cerraïca pa tiempo...
Ha caido en la cama,
mu malico el maestro,
y es cosa de temer, por las
señales,
que ya no se levante el probe viejo...
Una jaula vacía
páece la escuela con aquel
silencio,
y por juera corriendo los zagales,
una bandá de pajaricos sueltos.
Ya doblan las campanas...
ya arremató el maestro...
muncha pena me da, porque era un
hombre
de los pocos c´hay
güenos...
muncha pena me da por los zagales...
¡No paro de pensar qué
va a ser
de ellos¡
..................................................................
............................................................................
¡Traigo en el corazón
una tristeza¡...
D´allá abajico vengo;
la escuela, como enantes,
cerraïca
y con aquel silencio...
chillando alreörcico los zagales
y a sus anchas corriendo...
¡La jaulica vacía
y la bandá de pajaricos
sueltos¡
Vicente Medina
Vicente Medina
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Calvarios
Se parte el río en dos brazos
y deja en medio un islote
en alto y de unas diez tahullas
ande está el giierto del Conde.
Las riás resiste el güerto
con potros y malecones
y cañares de liceras
ande el corrental se rompe.
Es un vergel ese güerto
de los que tienen renombre
y, en plata, dá un Potosí,
Entre cabezos, el río
salta v corre
con su corrental de plata
ó su corrental de podre...
Si encuentra anchura, se extiende
sí estrechura. se recoje;
y unas veces deja tierras
y otras veces se las come...
En las peñas culebrea
o, saltando dá rebotes
y hoza al pié de los terreros
y los socaba y los röe.
Entre siscas y carrizos
se mete y no se conoce,
¡malintencionäo pa quien
el pié no sabe ande pone!
En los remansos se duerme
v su sueño dá temores:
¡aquel cazurro callar
impone!...
Las aguas en el remanso
son torvas y con negrores,
y el resollar de los golgos
el ánimo sobrecoge....
Dá alegría el río claro:
ver su fondo, lo que esconde
y sus aguas línipio espejo
de cielo, ramas y flores...
Por la falda del cabezo,
aguas arriba, pa Ulea,
a la orillica del río
está la senda.
En lo alto de los terreros
va resfalosa y estrecha
y, a pique al pié, pasa el río
bufando como una fiera.
Lo que de ventaja tiene,
es lo peligroso en ella:
mucho atajas, pero puedes
irte al río de cabeza...
Suelen, de un mozo animoso
que tuvo novia en Ulea,
contar que töas las noches
pasaba por esta senda.
Dicen que pa él era igual
noche clara ó noche negra
y que se ufanaba de ello
si era noche de tormenta.
Pero una noche no vino
a Ulea,
¡con ser una noche clara
cuajá de estrellas!...
Y nunca más aquel mozo
volvió a Ulea
ni en su casa de él supieron
ni hubo nadie quel supiera.
Decían unos que al río
debió caer de cabeza
y otros que, acaso, un camino
tomá pa lejanas tierras...
¡Lo cierto es que aguas abajo
leguas y leguas
lo buscaron y que el río
no lo echó afuera!...
Por ese mesmo camino
voy pa Ulea
y me acuerdo
de otras hazañas como esa:
Un mozo que sobre el río
en las canales de Archena,
como los titiriteros
pasaba también por ellas.
Otro que por la maroma
del barco de Villanueva,
cuando venía riá
pasaba con gran destreza.
Y otro también que pasaba
la cuna de igual manera:
cuatro malos travesaños
puestos sobre marometas.
¡Unos y otros, por el rumbo
en valentías y apuestas
y jugándose la vida,
de las novias a la enza!
Ya pasäos los terreros,
que es lo peor de la senda,
al otro läo del río
se vé enfrente Villanueva.
Se vé empiná en un cabezo
con sus casicas pequeñas
apiñás y que hácia el río
bajan en calles estrechas.
Y se ven, más arribica,
las capillicas en cuesta
de los pasos del calvario
blanqueändo entre las peñas...
Tres días hay en el año
que relumbran más que el sol:
Jueves Santo, Corpus Christi
y el día de la Ascensión.
(Popular)
Es Jueves Santo, hace un día
hermoso de primavera...
Quien el cantar se sacó
por embustero no quea.
Gozando voy de esta vista
de Villanueva
y al pié sus güertos cuajäos
de naranjos y palmeras...
Gozando voy de esta vista,
conforme me acerco a Ulea,
que entre verdores de güertos
ya blanquea...
La mayor gala de Ulea
son sus mujeres hermosas
y lo limpio de sus casas
más blancas que las palomas...
Está a la orilla del río
como una princesa mora,
acostá bajo palmeras
y de azadares la alfombra...
Como Jueves Santo que es,
ni con una alma se topa...
¡tó solitario y calläo,
sin sentirse ni una mosca!
Por la calle de los Pasos
llego a Ulea: ni curiosa,
como otros días, la gente
a las puertas hoy se asoma.
Páece este recogimiento
del Jueves Santo, una cosa
que se siente isla en las peñas
a la ves que en las personas.
En el calvario de Ulea
hallo dos muejeres solas,
que están rezando los pasos
de rodillas y llorosas.
Del paso en que es, en el nicho,
se vé una estampa borrosa
ande el Señor con la crús
cäe con cara angustiosa.
Las dos mujeres están
en la calle terragosa
y besando el santo suelo
de ves en cuando se doblan.
De estas mujeres, es una
de edá, y joven la ötra.
¡La joven es una perla
por lo fina y por lo hermosa!
Me acuerdo del mozo aquel
que ni en noches tormentosas
se dejaba de venir
a Ulea a ver a la novia...
Siento enfrente, en Villanueva,
una música remota:
es la procesión que sube
del calvario hasta la copa.
Se ven lejos, chiquiticas
como hormigas, las personas,
río por medio, allá arriba
en las peñas escabrosas...
Se ven los santos en andas
subir la cuesta penosa
y curas y monecillos
pequeñicos como moscas...
De los soldäos romanos
brillan las lanzas v cotas
y banderas y estandartes
al aire flotan...
De santicos
de a cuarto o de a parpallota,
páece aquella procesión,
del cabezo allá en la copa...
Vicente Medina
(Aires Murcianos)
Cartagena, 1898
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