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(1947) POEMA DE LA CAZA |
COMIENZO
DE DIANA
Ya gana trompetería
de amaneceres, y sube
hasta aquí la breve nube
piafadora. Cacería
para despertar al día
recién nacido, y rosada
esta angélica algarada
de tules. Limpias saetas,
o no; galgos, o escopetas
ágiles por la enramada.
PODENCO QUE MURíO EN EL CAMPO
El tierno junco te llora
por los ramblizos, y bebe
hocicos de sal y nieve
en el saladar. Ahora
por tu casta cazadora
una paz transita. Gime
el agua y ya se redime
en tus patas, por la fría
escala de su agonia.
¡Dime por qué, dime, dime...!
Tú bellamente enlunada
ágil lengtia por los trigos,
con la entreluz, sin amigos,
sola y conmigo; anegada
en el agua desfondada
del sigilo, entre adelfales
donde mides cuanto vales
en el salto que preparas.
Brincas cuando alegre exhalas
tus aceros siderales.
PALOMA QUE RECIBIO PLOMO EN EL CUELLO
Qué nostalgia de amapola
ahora, muerta, te viste.
Mi mano, trémula y sola
tu sangre toma y asiste.
Borbotón que cuaja y pesa
la más débil pluma, besa
vientos en la serranía
al derramarse en escamas.
Y el llanto de las retamas
amargo por tu agonía.
¿Eres nervio o eres hoja?
¿Alientas, vives? Quisiera
saberte como bandera
que un viento grave despoja.
Estás en la tierra roja
parado y celosamente
con el ojo diferente
volado en muerte pequeña;
tienes la mano risueña
y atareada la frente.
MUCHACHO
QUE LLEVA LA CAZA
Por la cintura, creciendo,
y por las piernas trepando,
desde el corazon, izando
tanto breve amor muriendo.
Adolescencia pidiendo
sangre bellísima ahora
cuando ya, madrugadora,
va la carne monte arriba.
Y esta agilidad tan viva
raramente cazadora.
COMIDA DE CAZADORES
Qué redonda alegoría
de paz con maíz trazada
toscamente aderezada
con vino, sal y alegría.
Aquí la navaja enfría
en carne dulce su acero
y recoge el verdadero
corazón arrebanado;
este tranquilo bocado
aspero, amigo y certero.
Labio en la sed acompañada
de tanto plomo avisado;
como paladar quebrado
esta boca de camada.
¿Qué última madrugada
por ahí dentro aún no agita
su celo; por qué no grita
la muerte mínima y sella
esta boca, y esta huella
que al podenco precipita?
CAZADOR ESPERANDO LA PERDIZ
Lívida espera. Amanece
la muerte próxima. El día
desenluta la agonía
en la que el bosque encanece.
Hombre callado, ¿te crece
la vida por dentro, ahora
en esta paz cazadora
extrañamente feliz?
Cazador de la perdiz;
¡qué grave luz te decora!
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POEMAS TRISTES |
MOTIVOS DE MONTERÍA
Montero de la clara
primavera serrana
por las cumbres
altas.
Cabalga la mañana
--- doncella plácida ---
la nueva rama.
Se imaginó Diana;
en la mano, levanta
una fusta de agua.
Y tras la galopada
rauda,
los vientecillos corren y ladran.
LOS CAZADORES
Estos son los cazadores.
Hombres silenciosos que
andan por el monte
al amanecer.
La tierra, calla y dormita
como un niño
que se oyera por dentro
crecer.
Y ellos, los cazadores
arriba, arriba van.
Muchachos y escopetas
y perros inquietos les acompañan.
El monte los ve subir
y calla.
Juan García Abellán
Amor, tu antología
Murcia, Patronato de Cultura de la Excma. Diputación, 1954